
Lo bueno de trabajar para una compañía como General Electric es que conoces sitios que la gente ni ha imaginado con ver. Zonas pequeñas que casi no figuran en los mapas, fuera de áreas turísticas y que en ocasiones se disfrutan mucho más de lo que uno puede imaginar. Pero, por supuesto, esto tiene también sus contras. He pasado por algunos de ellos y no quiero hacer mención de los sitios asquerosos y deprimentes en los que he estado. Pero una cosa curiosa, si bien se acaba uno conociendo al dedillo los aeropuertos de las grandes capitales,... estas ciudades suelen ser unas completas desconocidas. Así, he pasado muchas veces por Fiumiccino, pero no conocía Roma.
Y a ello me puse. Con Silvia habíamos preparado el viaje con mucha antelación usando los puntos acumulados en la Iberia Plus. El hotel elegido por ella fue delicioso. Situado a un paso del Puente Sisto, peatonal y que comunicaba en 1 minuto con el Trastévere, barrio típico repleto de restaurantes y preciosos rincones. También estaba a 5 minutos del Campo di Fiore, una plaza con muchísima animación (diurna y nocturna) y varios restaurantes y "Wines Bars". Lo que me sorprendió dle centro de Roma es que, a pesar de ser grande, es bastante manejable. A destacar desde mi punto de vista... Fontana di Trevi y San Pedro del Vaticano. La Fontana es sencillamente enorme y, a pesar de estar un poco encajonada en una calle, sigue siendo absolutamente espectacular. Y qué decir de San Pedro del Vaticano... Magestuosa, enorme, sobrecogedora... La plaza en si misma ya impresiona pero entrar... Esa cúpula tan alta, la Piedad de Miguel Ángel allí colocada (pena que tan lejos). Quita el aliento.
Entre lo que no me gustó, el precio de la cerveza y los museos vaticanos. El precio de la cerveza ronda los 4 € por ¡quinto! Desesperante e inaudito. Y los museos vaticanos... Su horario es ridículo para la cantidad de gente que los visita. Me encantaron dentro las habitaciones de Rafael (genial la Escuela de Atenas) y la sala de los mapas. Decepcionante el cómo están organizados, la pinacoteca y, con matices, la Capilla Sixtina. Es cierto que esta última cumpla con las espectativas que se tiene de ella, especialmente si uno la ve en un día gris, sin luz artificial y rodeado de gente. Además, otra crítica que se puede hacer al museo es que te hacen acceder a ella justo por debajo del Juicio Final, con lo que ese impacto inicial lo pierdes al instante. En cualquier caso es una obra para disfrutar más lentamente,... posiblemente en una segunda visita, eso sí, sin tener que sufrir la visita de todo el museo y las colas kilométricas. Si no se soluciona yo personalmente no tengo intención de volver.
Y de lo que es Roma Roma, no hay que perderse el Trastévere y el Getto Judío. Para comer, para tomar unos vinos (que no cañas) o simplemente para pasear... son espectaculares.
| Roma |
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